Con Xi Jinping al frente, el gigante asiático mostró fuerza ante líderes internacionales y reforzó su mensaje de querer liderar el futuro orden mundial.
Un imponente desfile en la plaza de Tiananmen, con 12.000 soldados y sistemas de armas de última generación, proyectó la imagen de una China decidida a consolidarse como potencia global. El presidente Xi Jinping encabezó la ceremonia bajo el retrato de Mao Zedong, mientras 26 jefes de Estado y de Gobierno de Asia, África, Oriente Medio y América Latina presenciaron el espectáculo, junto a figuras como Vladimir Putin y Kim Jong-un.
El mensaje fue inequívoco: China busca ampliar su influencia política y económica a través de alianzas estratégicas, proyectos de infraestructura global y un creciente protagonismo en organismos internacionales.
Con la meta de alcanzar en 2049 la plena modernización y situarse como primera economía mundial, Pekín apuesta por un modelo propio que gana apoyo en el Sur Global, pese a las críticas de Occidente por sus prácticas autoritarias y sus violaciones a los derechos humanos.

