OPINIÓN

Quieren reducir el estado, pero con más cárceles

2 Minutos de lectura

Algunos parecen limitar su liberalismo a una pura cuestión económica. Por lo mismo, sin tapujos, vapulean el garantismo penal, desconociendo u olvidando que garantismo y liberalismo se nutren de los mismos principios y que, teórica y prácticamente, resulta imposible separarlos. Asimismo, dando la espalda a estudios empíricos, sostienen que el problema del delito puede resolverse con criterios economicistas que, en términos simples, se reducen a que si aumento la tarifa -es decir, si subo las penas- disminuyen los delitos. Ignorando la complejidad del fenómeno delictivo, promueven una lógica causalista simple basada en una supuesta racionalidad, proponiendo desincentivos que hagan del delito algo menos rentable.

Ciertamente, lo que hay detrás de todo este discurso, es el renacimiento de las ideas proclamadas por Ronald Reagan de terminar con el Estado social compensando dicha mengua con un enorme Estado penal. En términos simples y poco precisos, los fondos públicos son para seguridad ciudadana y no para seguridad social. Es decir, priorizando el gasto público, el Estado debe construir menos escuelas y más cárceles.

El mismo Estado que primero daba una relativa seguridad social, salarial, médica, etc., cambia y se propone, generalmente sin mucho éxito, ser garante de la seguridad física de las personas. Dicho en otras palabras, los recursos públicos, siempre insuficientes, suelen tener que elegir para gestionar la pobreza entre la mantención de un Estado social o la de un Estado penal. Los elevados costos de ambos pueden ser confusos, especialmente porque no se suelen considerar costos invisibles e imprevisibles. Los Estados sociales suelen traer beneficios de mediano y largo plazo difíciles de cuantificar económicamente. Cuánto nos beneficia, por ejemplo, una biblioteca pública en una pequeña ciudad que logra impulsar la lectura de sus habitantes. Por otra parte, también resulta complejo calcular el costo económico, pero especialmente social y familiar, de las y los hijos de una persona encarcelada, o las consecuencias, también económicas, pero especialmente humanas, de la reincidencia y el aumento de los niveles de violencia derivados de los efectos criminógenos del encarcelamiento.

Asimismo, la inseguridad social tendrá que suplirse con seguridad privada y autodefensa. Por lo mismo, no es poco usual, ni tampoco es una mera coincidencia, que los defensores del Estado penal sean también los promotores de las armas de fuego para los particulares. Si miramos los efectos reales que trajeron estas alteraciones en Estados Unidos, comprobaremos que, lejos de disminuir los delitos, las políticas de encarcelamiento masivo y de armas para los particulares se tradujeron en un enorme aumento de violencia y muerte.

Dr. Silvio Cuneo Nash
Abogado y académico U. Central

Noticias relacionadas
COLUMNAOPINIÓN

Contribuciones, técnica y realidad social

1 Minutos de lectura
Piero Soto Rivas. Académico U. Central. El ex Ministro de Hacienda Andrés Velasco calificó como “populismo puro” la propuesta de eliminar las…
COLUMNAOPINIÓN

Navidad y Año Nuevo: cuando el proceso de pago se convierte en parte importante de la compra

3 Minutos de lectura
Por José Sales. Gerente de Clientes en Nuek (Indra Group). Diciembre activa uno de los momentos más intensos del calendario comercial: la…
COLUMNAINTERNACIONALOPINIÓNSin categoría

Un nuevo eje hemisférico: la oportunidad histórica para Chile y Bolivia

3 Minutos de lectura
Por Ricardo Rincón González, Abogado. La reciente Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos marca un punto de inflexión que América Latina…

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *