COLUMNAOPINIÓN

En tan solo 22 minutos

2 Minutos de lectura

Por Lily Zúñiga.

La transición presidencial chilena sufrió un golpe innecesario y preocupante. La reunión entre el presidente Gabriel Boric y el mandatario electo José Antonio Kast en La Moneda duró apenas 22 minutos antes de terminar abruptamente. No fue un desacuerdo menor ni un simple roce protocolar: fue la señal pública de que el traspaso de mando entró en zona de turbulencia. Y ocurrió a solo días del 11 de marzo.

El conflicto se originó por el proyecto del cable submarino con China, un tema estratégico en medio de la tensión entre Washington y Beijing. Las versiones sobre cuándo y cómo se informó al equipo entrante son contradictorias. Kast llegó exigiendo una retractación; Boric se negó. Luego vinieron las acusaciones de “mentiras” y “falsedades” por un lado, y la desconfianza explícita por el otro. El resultado fue un quiebre total.

La decisión de suspender las reuniones bilaterales entre ministros salientes y entrantes es la consecuencia más grave. Más allá de los egos, lo que se afecta es la institucionalidad. Esas reuniones no son un gesto de buena voluntad, sino un mecanismo básico para asegurar continuidad del Estado. Cancelarlas a días del cambio de mando implica que el nuevo gobierno podría asumir sin información técnica clave, en un escenario internacional complejo.

Desde el oficialismo se acusa a Kast de actuar como opositor y no como jefe de Estado entrante. Desde su equipo, en cambio, hablan de falta de transparencia y justifican la ruptura por no recibir la aclaración exigida. El mundo político, como siempre, se ordena en bandos. Pero mientras los sectores se alinean, el país observa una señal inquietante: la transición dejó de ser un trámite republicano para convertirse en un campo de batalla.

El costo político parece recaer con más fuerza sobre el presidente electo, quien proyecta una imagen de intransigencia justo antes de asumir. Sin embargo, el daño mayor es institucional. Chile queda expuesto frente a Estados Unidos y China, con una disputa pública que revela descoordinación estratégica en un asunto sensible. Y además, Kast iniciará su mandato con la futura oposición quebrada desde el primer día.

En política, las formas importan porque sostienen el fondo. Una transición no es un duelo de versiones, sino un acto de responsabilidad democrática. Cuando la desconfianza reemplaza al diálogo, no gana un sector: pierde el Estado. Y si la próxima administración comienza entre recriminaciones y portazos, la pregunta no es quién tuvo la razón, sino cuánto costará reconstruir la confianza que hoy se dejó caer en apenas 22 minutos.

Noticias relacionadas
COLUMNAOPINIÓN

El espejismo del cobre: cuando una buena noticia puede ocultar un problema estructural

3 Minutos de lectura
Editorial TN. El inicio de 2026 ha traído titulares optimistas para la economía chilena. Las exportaciones crecieron 15% en febrero, alcanzando US$…
COLUMNAOPINIÓN

La mesa del Senado: primera prueba para la futura oposición

2 Minutos de lectura
Editorial TN. En política, los símbolos institucionales suelen anticipar realidades más profundas. La elección de la mesa del Senado de Chile, que…
COLUMNAOPINIÓN

Gobierno de emergencia: ordenar la casa antes de prometer más

3 Minutos de lectura
Por Ricardo Rincón González, Abogado. En el inicio del año escolar, el sistema educativo chileno enfrenta una señal que no es menor:…

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *