A pesar de que los embalses aumentaron un 26,89% respecto al año pasado y diversas zonas registran superávit, especialistas aclaran que un solo periodo lluvioso no revierte el déficit histórico ni el sobreuso del recurso hídrico.
Aunque representan un respiro temporal para la crisis hídrica, las recientes precipitaciones en Chile no bastan para superar la megasequía. Según la Dirección General de Aguas (DGA), las reservas en los embalses nacionales subieron de 5.244 millones de m³ en agosto de 2025 a 6.654 millones de m³ en agosto de 2026, lo que representa un alza del 26,89%.
Sin embargo, el académico de la Universidad de Chile, Roberto Pizarro Tapia, advierte que “las megasequías no se terminan con un año lluvioso, se terminan con una serie de años”. El especialista pone como ejemplo el emblemático embalse La Paloma, en Coquimbo, que actualmente opera al 41% de su capacidad. Recuerda que para alcanzar niveles óptimos de almacenamiento históricamente se han requerido múltiples temporadas consecutivas de buenas lluvias.
La geografía nacional muestra realidades dispares. Mientras la macrozona norte registra importantes superávit —como un 45,9% en Los Vilos—, regiones como O’Higgins y Aysén exhiben marcados déficits en estaciones clave. A ello se suma un grave problema estructural: el sobreuso del agua subterránea y de superficie en actividades productivas como la agricultura y la minería, evidenciado en la caída de los niveles piezométricos de los pozos.
Pizarro concluye que, más allá de la bonanza temporal, el país urge de una visión a largo plazo con mejores herramientas de fiscalización y gestión para garantizar la sostenibilidad ambiental, social y productiva del recurso hídrico.

