Rodrigo Torres Santana Co-fundador & COO MÜUD Inc.
Confieso que escribir una columna semanal sobre educación se está volviendo sospechosamente fácil. Uno espera tener que buscar un tema, investigar y pensar. Pero últimamente basta con esperar unos días: el Gobierno se supera a sí mismo y entrega, gratis, el capítulo siguiente. Esta semana decidió terminar con “Yo Elijo mi PC”.
Los números no son menores. En 2026, más de 96 mil estudiantes recibieron un computador a través de las Becas TIC, un programa que contó con cerca de 35 mil millones de pesos y que, con distintos formatos, existe desde 2009. El argumento oficial es que está mal evaluado y que no tendría un impacto significativo en los aprendizajes.
Perfecto. Si un programa funciona mal, se corrige. Si los computadores no llegan, se arregla la distribución. Si los equipos quedaron obsoletos, se modernizan. Si falta impacto pedagógico, se cambia el modelo. Pero ¿eliminarlo de una plumada? ¿En serio? Es como descubrir que una biblioteca tiene pocos lectores y resolverlo es cerrándola.
Lo más absurdo es el momento. Estamos entrando en una era en que la inteligencia artificial está transformando universidades, empleos, ciencia y prácticamente todas las profesiones, y nuestra brillante política de modernización consiste en quitarles computadores a los estudiantes más vulnerables. Esta era justamente la oportunidad para reemplazar el viejo programa por algo mucho más ambicioso: mejores notebooks, tablets de buena capacidad, acceso a herramientas de IA y formación en pensamiento crítico, programación y creación digital, tanto para estudiantes como para profesores. No regalar fierros, sino entregar capacidades.
Porque es cierto que un computador sin estrategia pedagógica puede tener poco impacto. Pero un niño sin acceso a tecnología en 2026 parte varios metros atrás antes de que la carrera siquiera comience. Y aquí aparece esa desconexión que tiene podrido a medio Chile: desde los sectores acomodados resulta muy fácil teorizar sobre eficiencia, mientras en miles de hogares el computador que entregó el Estado es el único que hay en la casa.
No es casualidad que parlamentarios de todo el espectro, desde la UDI hasta el PC, estén pidiendo revertir la medida. Hacienda puede revisar cada peso, y debe hacerlo. Educación debe exigir resultados. Pero gobernar no puede consistir simplemente en borrar lo que funciona mal. Gobernar también significa tener una mejor idea.
En plena revolución de la inteligencia artificial, quitarle el computador al niño más pobre no es ahorrar. Es decidir, por secretaría, quién se queda atrás.


