Una investigación de la Universidad de Chile identificó este antecedente en tres formas de violencia sexual y plantea fortalecer la prevención y la atención de las víctimas.
El abuso sexual durante la infancia aparece como un factor asociado a tres formas de violencia sexual contra las mujeres en Chile: la ejercida por parejas, las agresiones sexuales cometidas por terceros y el acoso sexual fuera de la pareja.
Así lo establece una investigación publicada en The Lancet Regional Health Americas, encabezada por Francisca Crispi, junto con Alejandra Fuentes-García y Nicolás Libuy.
El equipo analizó las encuestas nacionales de violencia intrafamiliar y en otros espacios de 2017 y 2020, con una muestra conjunta de 13.128 mujeres de 15 años o más, residentes en zonas urbanas.
Durante los doce meses anteriores a las encuestas, un 2,8% reportó violencia sexual de pareja; un 2,5%, agresiones sexuales de terceros; y un 11,3%, acoso sexual por personas ajenas a la pareja.
Las participantes con antecedentes de abuso sexual infantil presentaron mayores posibilidades estadísticas de experimentar las tres formas de violencia. Las razones de posibilidades ajustadas fueron 2,05 para violencia sexual de pareja, 3,03 para agresiones de terceros y 2,06 para acoso sexual.
Estos indicadores describen asociaciones y no establecen, por sí solos, una relación causal.
Las investigadoras subrayan la necesidad de prevenir el abuso infantil y coordinar respuestas entre los sistemas de protección de la infancia, salud y salud mental, mediante una atención informada por el trauma.
El estudio también identificó otros factores asociados. Tener una pareja con antecedentes de violencia durante su infancia o conductas violentas en otros ámbitos se relacionó con mayor victimización.
Frente a las agresiones de terceros, destacaron las vulnerabilidades de mujeres jóvenes y residentes en la Región Metropolitana.
En el caso del acoso, Crispi advirtió una mayor exposición entre quienes estudian, trabajan y utilizan espacios públicos. Por ello, la prevención debe concentrarse en hacer seguros esos entornos, sin restringir la participación de las mujeres.
Los hallazgos refuerzan la necesidad de políticas diferenciadas y apoyo oportuno para las víctimas.

