Por Ricardo Rincón González, Abogado.
En política, pocas cosas generan más tranquilidad —y más autoridad— que saber hacia dónde se va y cómo se va a empezar a caminar. En ese sentido, el plan “Desafío 90”, ya impreso, con logo y listo para su implementación, marca una diferencia relevante respecto de otras transiciones: no es una declaración de intenciones ni un listado de promesas, sino una hoja de ruta concreta para los primeros 90 días de gobierno.
No es un detalle menor. Los inicios de una administración suelen estar marcados por la dispersión, la curva de aprendizaje y la tentación de anunciar más de lo que se ejecuta. Aquí, en cambio, la apuesta es explícita: 90 iniciativas, definidas como “acciones, no anuncios”, enfocadas en las emergencias priorizadas por el propio programa de gobierno. El mensaje político es claro: el tiempo inicial no se pierde en diagnósticos eternos, sino que se usa para intervenir.
El diseño del plan también merece atención. Lejos de descansar exclusivamente en grandes proyectos de ley —que suelen quedar atrapados en la lentitud del Congreso—, una parte sustantiva de las medidas corresponde a cambios reglamentarios. Esto no es solo pragmatismo; es comprensión del Estado real. Los reglamentos, circulares y protocolos son muchas veces el cuello de botella que impide que políticas ya aprobadas tengan efectos visibles. Intervenirlos permite destrabar procesos, acelerar decisiones y mostrar resultados en plazos razonables.

