Estudio de Randstad revela que el 41% de los trabajadores sumó una nueva fuente de ingresos ante la presión económica, impulsando la demanda por mayor flexibilidad laboral.
El encarecimiento de la vida —marcado por el alza de la Canasta Básica de Alimentos, combustibles y la UF— mantiene bajo fuerte presión el bolsillo de las familias chilenas. Ante este escenario, un 41% de los trabajadores ha asumido un segundo empleo para complementar sus ingresos, según el estudio Workmonitor de Randstad Chile. La cifra supera la media global (40%) y casi duplica el registro del año anterior (22%).
A esto se suma que otro 41% optó por extender su jornada actual. La necesidad de diversificar ingresos es liderada por la Generación X y Z (ambas con 43%), seguidas por los Millennials (41%) y Baby Boomers (32%).
El panorama económico también genera cautela. El 56% de los chilenos teme por su seguridad laboral por sobre el promedio mundial (46%). Esta incertidumbre frena la movilidad: la intención de cambiar de trabajo descendió del 74% al 69%, y las solicitudes de aumento de sueldo cayeron del 61% al 58%, priorizando la estabilidad.
Frente a esta realidad, las expectativas del talento han cambiado. Un 42% ha renunciado por falta de conciliación con su vida personal y un 25% por falta de independencia. En un mercado donde la flexibilidad ya no es un lujo sino una necesidad económica, las empresas que restrinjan el control de horarios o exijan presencialidad estricta arriesgan perder talento frente a organizaciones con formatos más ágiles.

