Una investigación liderada por la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, recuperó por primera vez ADN del virus de la viruela en restos humanos de la época colonial temprana hallados en el sitio arqueológico Camarones 9, en la región de Arica y Parinacota.
Un equipo internacional de investigadores, liderado por la Facultad de Medicina de la Casa de Bello, junto a la Universidad de Tarapacá y el Trinity College Dublin, logró recuperar ADN del virus de la viruela en restos humanos de la época colonial temprana. El hallazgo, publicado en la prestigiosa revista Science, entrega la primera evidencia molecular directa de que esta enfermedad fue introducida en el continente americano a partir de la colonización europea.
El estudio analizó muestras óseas procedentes del sitio arqueológico Camarones 9, en la región de Arica y Parinacota, e identificó a dos individuos infectados: una mujer adulta y un hombre joven, ambos con ascendencia netamente indígena. Las dataciones ubican a estas personas entre los años 1492 y 1631. Al compartir casi exactamente la misma variante viral, los especialistas concluyen que se contagiaron en un mismo brote epidémico.
Hasta ahora, la reconstrucción de la llegada de la viruela a América dependía de crónicas históricas escritas, las cuales omitían episodios de contagio locales. “Este trabajo nos entrega evidencia molecular directa de un contagio para el que no existían antecedentes históricos. Pudimos reconocer un evento completamente desconocido que afectó a personas en el norte de Chile”, destaca la Dra. Constanza de la Fuente, investigadora del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICBM) de la Universidad de Chile y coautora del estudio.
Al comparar la secuencia genética con cepas europeas antiguas y modernas, los científicos determinaron que el linaje de Camarones 9 corresponde a una variante hoy extinta del virus. Esta posición evolutiva intermedia demuestra que el patógeno ingresó desde Europa y comenzó a propagarse tempranamente entre las comunidades locales a través de las redes de interacción de la esfera incaica.
El análisis virológico reveló además aspectos clave sobre la evolución del virus. El Dr. Fernando Valiente, microbiólogo e investigador del ICBM, explica que la recuperación del genoma permite observar un ritmo constante de inactivación génica, el cual antecedió al establecimiento de la viruela moderna. El patógeno atravesó un proceso de especialización continua hasta convertirse en un patógeno exclusivamente humano, dinamismo que coincidió con la expansión colonial.
Recuperar material genético antiguo de más de 500 años representó un desafío de alta exigencia metodológica debido a su severa degradación y bajo nivel de concentración, requiriendo instalaciones de contención especializadas para prevenir cualquier tipo de contaminación con ADN contemporáneo.
Finalmente, las conclusiones del estudio reescriben parte de la bioarqueología regional: lesiones cutáneas previamente atribuidas al envenenamiento por arsénico natural en la zona podrían responder a las secuelas de la viruela. Este hito paleogenómico demuestra que el impacto del proceso colonizador trasciende los aspectos demográficos y culturales, dejando una huella biológica imborrable que recién comienza a desvelarse.


