La 51ª cumbre del G7 se celebra en Kananaskis con una agenda crítica: frenar la escalada Israel‑Irán, abordar los aranceles de EE.UU. y buscar unidad diplomática frente a un presidente estadounidense impredecible.
Los jefes de Estado de las principales economías —Canadá, EE.UU., Reino Unido, Alemania, Francia, Italia y Japón— además de líderes invitados como India, Ucrania y México, se reúnen del 16 al 17 de junio en las Montañas Rocosas, bajo la presidencia del primer ministro canadiense Mark Carney. Su objetivo es encontrar un espacio común para enfrentar desafíos globales sin tensiones abiertas con el presidente Trump.
Las conversaciones están dominadas por el reciente intercambio militar entre Israel e Irán, la guerra en Ucrania y la presión por los aranceles estadounidenses. Temas como cambio climático, seguridad energética, cadenas de suministro de minerales estratégicos e inteligencia artificial también están sobre la mesa.
Canadá renunció al tradicional comunicado final, optando por declaraciones temáticas parciales, en un intento de evitar fracturas públicas. Trump, quien ha vuelto a imponer aranceles y ofrece posicionamientos controvertidos (como su broma sobre anexar Canadá o Groenlandia), figura como el punto más difícil de consenso.
Algunos países buscan presionar a Trump para relajar los aranceles y coordinar una respuesta colectiva ante la escalada en Oriente Medio, mientras el presidente ucraniano Zelenski se reúne en el lugar con líderes clave para reforzar sanciones a Rusia.

